Nacido al son del ritmo. Criado en el seno de la tradición.

Atoyebi García Villamil es un transmisor cultural, educador e intérprete arraigado en uno de los linajes más extraordinarios de la tradición sagrada afrocubana. Es hijo de Felipe García Villamil —maestro percusionista, artesano ritual y becario del Programa Nacional del Patrimonio de la NEA en 2000, nacido en Matanzas, Cuba—, cuya vida y obra artística fueron recogidas en la biografía Drumming for the Gods, publicada por Temple University Press y escrita por la etnomusicóloga María Teresa Vélez.

Criado en el seno de las tradiciones vivas del lucumí (santería), el palo monte y el abakuá, Atoyebi actuó junto a su padre y sus hermanos Ajamu y Miguel como parte del conjunto familiar Villamil, una dinastía de percusionistas documentada por la Institución Smithsonian y el Fondo Nacional para las Artes.

Hoy en día, Atoyebi perpetúa este legado como animador de talleres, asesor cultural y artista escénico. Su misión es preservar, difundir y compartir las tradiciones sagradas afrocubanas que le han sido transmitidas por vía familiar y a través de décadas de práctica vivida —tradiciones que se remontan directamente a la ciudad-estado yoruba de Oyo, en la actual Nigeria, y al sagrado Cabildo de San Juan Bautista, en Matanzas (Cuba).

Un legado documentado por la nación

La vida de mi padre queda reflejada en *Drumming for the Gods*, una biografía publicada por Temple University Press y escrita por la etnomusicóloga María Teresa Vélez. El profesor de Yale Robert Farris Thompson le dedicó su obra sobre los altares. Sus interpretaciones con el tambor fueron grabadas y archivadas por el Fondo Nacional para las Artes y la Institución Smithsonian.

Yo soy el siguiente capítulo de ese disco.

No conservo estas tradiciones como si fueran piezas de museo, sino como una práctica viva. Mi padre me enseñó que el tambor expresa lo que las palabras no pueden. Mi labor consiste en asegurarme de que esa voz nunca se silencie.